"Me pesa sobre mis pobres hombros el enorme peso de las herencias más
gloriosas. A mí, que no valgo nada, la civilización ha hecho un regalo gigante:
el patrimonio de Europa. Hecho de tesoros y recuerdos.
Cada uno de nosotros, creo, en Londres y en Viena, Berlín y Madrid, Atenas y Varsovia, en Roma y en París, Sofía y Belgrado, debe sentir el mismo drama. Cada uno de nosotros es el último de los europeos.
Yo soy el heredero indigno de una familia de gigantes. Nos preceden gigantes, héroes y sabios, ensayistas, exploradores de la tierra y exploradores del alma, el Cesar y Antonio, Reyes y capitanes, perfiles estrictos en paramentos litúrgicos, hermosas cortesanas o brutos implacables.
Una procesión de grandes figuras, radiante esplendor y poder, se desarrolla ante nuestros ojos, carga inmensa para nuestros contemporáneos.
Me tacharan de romanticismo a quién le importa! Para mí, el tesoro del
mundo es un hijo de Velázquez, una ópera de Wagner o una catedral gótica. Es un
calvario bretón o una necrópolis de la Champagne. Es el Romancero del Cid, o el
rostro de dell’Enfant grec de Hugo. La
tumba del Hotel des Invalides, el gran águila de Schonbrunn,
el Alcázar de Toledo o el Coliseo en Roma, la torre de Londres o la de Gálata,
la sangre de Budapest o la Cuadriga orgullosa de Berlín que se convirtió en la
frontera de la Europa mutilada.Por todas estas piedras, para todas estas Águilas y para todos esas cruces, para la memoria del heroísmo y genialidad de nuestros antepasados, por nuestra tierra amenazada con la esclavitud y por el recuerdo de un pasado glorioso, la lucha nunca será en vano".
- Jean de Brem -
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