martes, 30 de junio de 2026

VIAJE AL CENTRO DE UNO MISMO




La novela de Julio Verne "Viaje al centro de la tierra" no es ninguna excepción del 

resto de novelas de este escritor, todas y cada una de ellas tiene un significado 

oculto, son novelas repletas de simbolismo, de una segunda lectura que abre al 

lector preparado una puerta al mundo real, al mundo de la tradición, por encima 

de este mundo limitado por los "cinco sentidos". Julio Verne era un sabio que 

escribía para sabios, o al menos, para aquellos que saben en su interior que existe 

"algo más", y buscan el sentido de la vida, siendo conscientes de que el mundo 

tal y como lo conocemos, o tal y como nos quieren hacer creer que es, no tiene 

sentido y está cojo, ya que está muy lejos de llenar el hueco que muchos sienten 

que han de llenar.



La novela "Viaje al centro de la tierra" habla precisamente de esa búsqueda, el 

centro de la tierra no es más que el símbolo de la caverna, es el útero de la Gran 

Madre, ese viaje al centro es el viaje a nuestro interior, bien podría haberse titulado 

esta obra "Viaje al centro de uno mismo". Éste es un viaje peligroso, lleno de 

obstáculos que habrá de superar quien lo inicie, para llegar y regresar, para 

conocerse a sí mismo. 


Entre los diferentes obstáculos de la novela, nos encontramos también con el 

famoso mito del laberinto, representado por una interminable sucesión de grutas 

y pasadizos en los que no hay ninguna luz, y entre los que Axel se pierde. Nuestro 

protagonista no consigue encontrar el camino y se desespera hasta que consigue 

escuchar la voz del profesor Lidenbrock, que además de ser su tío, es su mentor 

y maestro. Aquí Julio Verne nos está dando una importante ayuda, y ésta es la de 

escuchar a nuestro maestro interior, aunque como muchas de las claves que nos 

da la tradición, puede ser un arma de doble filo, y puede confundir a quien no está 

preparado, ya que antes de escuchar a nuestro maestro interior, deberemos 

identificarlo de entre nuestros múltiples "yos" para no escuchar al equivocado y 

perdernos todavía más en ese gran laberinto, en vez de salir de él.


Como digo, existen múltiples "yos" dentro de cada individuo, creados muchos de 

ellos por el Ego, la mayoría de los cuales son sombras que nos impiden ver a 

nuestro auténtico ser, y las hemos de aniquilar, lo que puede llegar a provocar 

una auténtica lucha, no sangrienta pero si dolorosa, ya que la parte que queremos 

matar somos en parte, nosotros mismos, o eso creemos. Este tipo de batalla se 

representa en la novela con la lucha salvaje de la que son testigos los tres viajeros 

durante  su  travesía  por  el  gran  océano  subterráneo  entre  dos  gigantescos 

monstruos marinos. El gran tamaño de esos seres, su ferocidad y su fuerza nos 

advierte  de  lo  difícil  y  peligroso  que  puede  resultar  matar,  o  simplemente 

enfrentarse a esos monstruos, que no son más que nuestras "sombras".


Para superar todas estas pruebas, debemos mirar bien en nuestro interior, porque 

entre todo esos "yos" se encuentra el verdadero ser, ese ser inquebrantable que 

se encuentra en armonía con la naturaleza porque forma parte de ella, al igual 

que ésta de él. Este ser lo encontramos representado, entre la trinidad que forman 

los viajeros, por el guía Islandés. Hans nunca se inmuta por lo que ve, ni por las 

sombras y dificultades, ni por las maravillas que descubren. Su expresión no 

cambia al ver la feroz batalla entre los monstruos, no cambia cuando descubren 

el maravilloso mundo que hay bajo tierra y no cambia cuando son empujados por 

el fuego a la superficie, todo eso lo tiene interiorizado, forma parte de él. El hombre 

elevado que se conoce, conoce a su vez el mundo que le rodea y el sentido de 

todo lo que sucede, ha sucedido, y sucederá. Porque todos formamos parte de 

una gran unidad, llámese Dios, energía, Ser o como cada uno prefiera, y quien 

consiga llegar al centro de uno mismo, conseguirá a su vez llegar al centro de esa 

unidad, de la Vida. Por lo tanto...

¡Busquemos a nuestro Hans!  

P.R.