lunes, 18 de noviembre de 2019

Los 7 principios del Hermetismo

Los 7 principios del hermetismo. Doctrina hermética. 

El término «hermetismo» lo relacionamos inmediatamente con alguien que reserva sus opiniones en cuanto a personas o situaciones. Sin embargo, el origen del hermetismo es mucho más profundo e importante que definirse como una persona reservada.
Según la historia, la palabra hermetismo está asociada a un hombre llamado Hermes Trismegisto que vivió en Egipto y era conocido como el maestro de los maestros. Los griegos, también hicieron de él un dios y lo llamaron “Hermes, el dios de la sabiduría”. Además, se cree que las doctrinas más antiguas de la India, han tenido como fuente principal las enseñanzas herméticas. La influencia del hermetismo ha sido tal, que si lo analizamos, podremos percibir sus enseñanzas en todas las corrientes religiosas.

El principio de causa y efecto. Kybalion.

En la Edad Media, muchos de los conocimientos herméticos se perdieron, ya que eran considerados «paganos». La mayor parte de las escrituras ardieron en la hoguera y se perdieron para siempre. Sin embargo, hubo guardianes del conocimiento hermético, que pagaron con su vida para conservar, encriptar y defender la información. Es así como hoy en día tenemos acceso a una compilación de ciertas doctrinas herméticas conocida bajo el nombre de «El Kybalión».
Estas enseñanzas, constituyen los principios básicos de la “alquimia hermética” que se refiere al dominio de las fuerzas mentales, más que a los elementos materiales. Se trata de una alquimia basada en la trasmutación mental. Es decir, poder realizar cambios en nuestro diario vivir por medio de la trasmutación de nuestras vibraciones mentales.

«Los principios de la verdad son siete: el que comprende esto perfectamente posee la clave mágica ante la cual todas las puertas del Templo se abrirán de par en par».
Los 7 Principios
1. Mentalismo:
«El Todo es Mente; el Universo es mental»
Lo que pensamos determina nuestra realidad. Por lo tanto, somos exactamente lo que pensamos. La comprensión de este principio, nos habilita a reconocer la ley que rige el universo mental, aplicándola a nuestro propio bienestar y desarrollo. La mente puede ser una valiosa herramienta o un arma mortal. Este principio explica la verdadera naturaleza de la energía, la fuerza y la materia.
La mente usada de forma consciente, es una poderosa herramienta.

2. Correspondencia:
«Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba»
Este principio se manifiesta en los tres Grandes Planos: El Físico, El Mental y El Espiritual. Todo el Universo es regido por los mismos principios, por lo tanto lo micro es fiel reflejo de lo macro. ¿Habéis escuchado esa frase de que cuando los planetas se alinean, todo sale bien? Pues en realidad tiene mucho sentido e ilustra. Si la luna influye en las mareas, ¿por qué no lo haría en nuestro cuerpo que está compuesto por 75% de agua?

3. Vibración:
«Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra»
Aunque no nos percatemos, todo está en constante cambio y movimiento. Somos vibración y según como vibramos, atraemos. El auto conocimiento juega un papel vital a la hora de definir que es lo que eleva nuestra nuestro campo vibratorio y qué no.

4. Polaridad:
«Todo es doble, todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son medias verdades, todas las paradojas pueden reconciliarse»
El bien y el mal. Luz y sombra. Día y noche. Este principio explica que en cada cosa se encuentran dos polos o dos aspectos y que los «opuestos» son en realidad, los dos extremos de la misma cosa.
Quien llega a comprender el arte de transmutar, está aplicando el principio de polaridad. Se aprende a aplicar eligiendo hacer las cosas y tomando decisiones desde el amor y no desde el odio.

5. Ritmo:
«Todo fluye y refluye; todo tiene sus periodos de avance y retroceso, todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación»
Siempre que haya una acción habrá una reacción, un avance y un retroceso, una ascensión y un descenso. Esto rige para todo: humanos, animales, mente, energía. Se manifiesta tanto en la creación como en la destrucción, en el progreso como en la decadencia. Todo se manifiesta en un determinado movimiento de ida y vuelta, flujo y reflujo, una oscilación de péndulo entre los dos polos que existen de acuerdo con el principio de polaridad. Todo se devuelve, por lo tanto, sea una buena o una mala acción, todo acto SIEMPRE conlleva a una reacción.

6. Causa y Efecto:
«Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo a la ley; la suerte no es más que el nombre que se le da a la ley no reconocida; hay muchos planos de causalidad, pero nada escapa a la Ley»
Todo es causalidad, no casualidad. Al comprender este principio, entenderemos que todo lo que sucede en nuestras vidas, favorable o desfavorable, tiene que ver con causas que nosotros mismos hemos puesto en movimiento en algún momento, de forma consciente o inconsciente. Entender la ley de causa y efecto se trata de pasar de víctima a responsable.

7. Género:
«La generación existe por doquier; todo tiene su principio masculino y femenino; la generación se manifiesta en todos los planos»
Ninguna creación física, mental o espiritual es posible sin este principio. Todos somos capaces de generar, regenerar y crear. Cada ser contiene en sí mismo los dos elementos del Principio de Generación: energía masculina y femenina.
La naturaleza es perfecta. Así como todo fluye y está en constante movimiento, tenemos la capacidad inherente de re-inventarnos cuantas veces sea necesario y fluir con la vida.
Te amo Sofí 😍 sos mi todo mi amor

miércoles, 31 de octubre de 2018

ARISTOCRACIA

Aristocracia
La raza por sí sola, sin la aristocracia de la raza: o sea sin la consciencia de sí, la voluntad y la conducta, no quiere decir mucho.

La gente común: la masa, vive de ilusiones. Los que manejan a las masas viven de crear esas ilusiones y utilizarlas en su provecho.

Por eso para asumir una identidad racial y cultural, lo primero que hay que hacer es desligarse de las ilusiones ideológicas y religiosas de la modernidad, y retomar en viejo camino del pagano, de la naturaleza, de la expansión de la consciencia, de la comprensión y del espíritu.
Soy más elitista que racista. Un ejemplo: tengo mucho más que ver con Yukio Mishima que con los imbéciles blancos que me rodean.

La raza no es la pureza ni la superioridad. La raza es ante todo una sucesión de cultura impresa en la sangre, que por lo general viaja en un eje biológico genético afín en identidad, que recibe aportes de otras identidades afines, a condición de siempre enriquecerse.

De las ilusiones nace el pensamiento abstracto, y de un pensamiento abstracto no puede surgir otra cosa que otro pensamiento de la misma naturaleza: Por ejemplo: no existiría el marxismo sin el cristianismo, surgido a su vez de las entrañas profundas del judaísmo. Siempre hay un grupo que señala el rumbo lineal en su provecho. Ellos dicen:"Mejoramos", y por generaciones de generaciones los esclavos repiten: "mejoramos", hasta que casi nadie pueda decir lo contrario.
No hay límite para la degradación humana. La democracia de masas lo demuestra. Por eso a veces a la aristocracia espiritual y guerrera, sólo le queda sólo el filo de la espada ritual. La raza material sólo tiene sentido, en el contexto de una aristocrática raza espiritual. Y la sangre es el único elemento que une esos dos mundos: el material y el espiritual, los transmite y unifica.

Juan Pablo Vitali

miércoles, 1 de agosto de 2018

La nueva revolución: ¿PAGANISMO vs CRISTIANISMO?

Una nueva revolución espiritual espera su turno en nuestro continente como remedio al mal que nos aqueja. El egoísmo.

Si, el materialismo congénito que el nuevo orden mundial ha logrado implantar en nuestro pueblo solo tiene un antídoto y es la revolución, la vuelta al origen, al principio donde todo se origino, y esa vuelta es interior, es intrincadamente espiritual.

Ese egoísmo ha envenenado sutilmente el alma europea, con la ayuda del materialismo, el buenísimo y el pecado, como arma coercitiva de la libertad.

Solo la total comprensión de la espiritualidad europea y los orígenes de la misma podrán desanclarnos de ese lastre que el Judeo Cristianismo nos impuso hace ya mas de 2000 años. ¿Esto significa una vuelta al Paganismo como religión, un enfrentamiento contra el Cristianismo? No.

El Cristianismo que profesan nuestros conciudadanos actuales, bien sea católico o protestante, es una amalgama de tradiciones paganas europeas, cultos judíos, deidades hindus, mesopotamicas, etc. Vaya por delante que ese catolicismo implantado tan arraigadamente en nuestra sociedad, es un catolicismo cultural mucho mas que religioso, por lo que no debería nunca estar en contra posición a las corrientes espirituales netamente europeas. Es mas, el paganismo entendido como religión no es mas que otra amalgama de corrientes, leyendas, tradiciones, aunadas sin la presencia de la Tradición, en mayúsculas. Un religión, tan artificial como el Cristianismo, producto del romanticismo y la new age.

Los miles de años de persecución y hostigamiento, mediante el pecado, la culpa y la demonizacion de todo aquello que les molestaba, hicieron que nuestros orígenes espirituales verdaderos llegasen casi a desaparecer. Así pues ¿que deberíamos plantearnos en la búsqueda de nuestro yo verdadero? tiene un difícil respuesta concreta.

La solución momentánea seria, desde un de vista lógico, ahondar en encontrar el origen de nuestras  tradiciones y comprender su significado real, mas allá del cultural que ha llegado hasta nosotros, y una vez así, deberíamos volver a celebrarlas o revivirlas en comunidad con los nuestros. Eso no tendríamos porque rechazar las puramente culturales que han llegado a nosotros por el catolicismo, ya que conociendo su origen y su naturaleza, no quedan desvirtuadas como hasta ahora.

A continuación pongo un texto que bien ilustra esto ultimo.

"Al tercer día resucito.

Un año más la Naturaleza cumple su rito de muerte y resurrección. Mas todo sería en balde si alguien no fuese consciente de su significado ancestral. Sé que al usar la palabra consciente no hago más que ahondar en la confusión. Absolutamente todo el mundo cree que ser consciente significa pensar o estar atento en algo o sobre algo. Hace bastante tiempo que concebí la idea de que estar consciente no significa necesariamente pensar. Es más, significa precisamente eso, no pensar. Pero entonces, se dirá, ¿cómo vamos a estar o ser conscientes si no pensamos? La facultad de pensar no debería ser más que un instrumento, no un objetivo. Como instrumento, el pensar en exceso, fuera de lo que la estructura humana reserva al mismo acto de pensar (sumar, restar, planificar lo que va a hacer el siguiente y poco más), sólo aporta mayor perturbación e inestabilidad.

Queriendo explicar lo que en esencia es inexplicable sólo podemos redundar entorno a un concepto o una percepción.

Estábamos diciendo que percibir lo que la tradición y la naturaleza nos recuerda en sus eventos cíclicos, no se debería reducir a pensar sobre ello, sino en ser conscientes de ello, y podemos afirmar que ser conscientes, se piense o no (subrayamos lo de “se piense o no”) indica algo muy alejado a un estado mental. Se trata de un estado (mejor quedaría la palabra estadio) de existencia. De un estado (o estadio) de conciencia, pero al usar este término estamos atribuyendo a todo el mundo como poseedor de conciencia, y en cambio lo que se trata evidenciar es que, lo que define a la humanidad actual, no es precisamente la conciencia, sino más bien la inconsciencia, aunque bien sabemos que es el hombre en su acepción general el único ente conocido que tiene la posibilidad de llevar la realización de este atributo en su plenitud.

Pero es el estado de inconsciencia lo que define el grado de abandono espiritual generalizado y la casi imposibilidad de acceder a la realización interior.

Más allá de lo que la mayoría piensa, el estado de espiritualidad avanzada es sinónimo de una conciencia que camina hacia su plenitud. Y el desarrollo en esa dirección no se puede encontrar en fórmulas mágicas ni en libros con secretos ocultos.

La Semana Santa nos recuerda cada año una potencialidad y una posibilidad de realización que sólo el hombre posee. Es el recuerdo permanente con la muerte, el nacimiento y la resurrección. El hombre debería morir a su condición rebajada para conquistar su dignidad divina en un nuevo renacimiento y poder avanzar en los mayores misterios de la divinidad con la resurrección.

El abandono de este mundo, y por ello la renuncia con dolor de todo lo que nos condiciona, es reflejado en el Viernes de Pasión. En ese día el Elegido podrá ser víctima del mundo al que pertenecía. Aquellos que parecían amarle le podrán traicionar, quizás por ignorancia, pero él, por conocimiento, se sobrepondrá. La historia cristiana nos habla del perdón y de la compasión hacia los demás. Pero deberíamos considerar que, más que perdonar, se trataría de superar la consideración y las críticas de los demás. Quien adopta esta actitud no necesita perdonar porque en principio no se siente ofendido. Podemos atrevernos a afirmar que nadie que se sienta ofendido, por algo que se le ha infringido, será capaz de perdonar, pues esa palabreja (la del perdón) es meramente un formulismo quasi cortés y formal. Solo perdona realmente quien no se ofende, lo cual implica ya una categoría espiritual no sujeta a ningún tipo de educación o formulismo. La famosa frase histórica: “perdónalos porque no saben lo que hacen” es sumamente indicativa. Bajo nuestro punto de vista, en este pasaje de la historia religiosa, no se estaba refiriendo a que, en ese momento, determinados personajes malhechores no sabían lo que estaban haciendo, sino que debería implicar la idea de que, en el estadio humano en el que se encontraban todos ellos, se les está excluyendo de cualquier tipo de consciencia que les pudiese hacer mínimamente responsables.

Aquel que está a punto de morir en la Cruz tiene un indicio (como mínimo) de conciencia divina, sabe que sólo muere una parte de Él. Por eso precisamente tiene que manifestar su humanidad mortal cuando dijo:  “Padre, ¿por qué me has abandonado?”. Aquel que pronunció esa frase, el hombre, es el que tenía que morir en la Cruz. El mismo que en muchas ocasiones de la vida conoció las tentaciones de la mente (el diablo ni más ni menos). Hay muchos momentos en el camino del conocimiento, y más aún antes de poseerlo en algún grado de plenitud, en los que el diablo (la mente perversa al máximo) da a entender que sabe más que el resto de los mortales, y que podría dominar a las gentes, el mundo y sus riquezas. Muchos se quedan ahí, siendo sobornados por los poderes de la mente, o por la ilusión de tales poderes. El dominio sobre la tierra, incluso a veces disfrazado de sublime ideal, de lucha por los demás, de querer mejorar el mundo, es lo que puede ser representado como un "quedarse a medio camino", sin saber morir, sin saber renunciar. Quedarse “a medias” puede llegar a significar un triunfo aparente en la vida. Muchos lo celebrarán, entre otras cosas porque un aparente genio surge para “ayudar”, para luchar por un mundo mejor en teoría.
En cambio la auténtica renuncia es la que casi nadie entiende. Podrá ser vista por algunos de los que te rodean como un fracaso o una derrota.

Pero dentro de la Verdad absoluta e intangible, el héroe que triunfa lo hará por todos, que sin duda, tarde o temprano van a morir a su estadio mental, y solo quedarán latentes en esencia. Y con esa esencia que todos llevan sin ser conscientes en la mayoría de los casos, alguien, posiblemente insignificante y desconocido para el mundo, puede conocer y reconocer, y ese es el secreto del perdón, de la misma Redención. No es que el héroe sea capaz de perdonar a unos inconscientes y quizás traidores sino que es plenamente sabedor de que ellos han sido derrotados, y que él, en cambio, sólo puede triunfar si es capaz de concebir que puede salvarlos a través de Sí mismo. “Cuando uno conquista el Grial, lo conquista para todos”.
Ese es el sublime acto del Viernes Santo. El color Negro.

Seguido viene el Sábado de Gloria. Es la subida a los cielos, la entrada al país de los Elegidos, Asgard. El héroe se ha despojado del poder y del lastre mental del cuerpo. Ha quedado liberado. Se ha cumplido el color Blanco. Los teóricos del espíritu podrían clasificarlo como Salvado, pero mucho nos tememos de que en esa condición de conciencia suprema el Salvado no pretendía serlo sino que pretendía salvar a los demás, a los suyos. Y aquí la acepción de "suyos" no puede ser inmersa en un contexto de pseudoelitismo o favoritismo sino que “los suyos” solo pueden ser aquellos que poseen un rango de una nobleza pura e inocente, ante la cual, y por su Liberación (matiz diferente al de Salvación), cualquier Héroe solar ofrecería su propia eternidad. Aquí habría que recordar otra frase famosa: “Quien quisiera ser salvado será condenado”.

Finalmente llega el dia de hoy, el Domingo de Resurrección. El Héroe Elegido, pudiendo quedarse entre los Suyos, vuelve a renunciar y se entrega a los demás, pero esta vez, habiendo renunciado a todo apego o deseo de gloria, sin ni siquiera ser visto ni reconocido, a excepción quizás de muy pocos, de aquellos que seguirán su mismo camino, porque Él, con su muerte y resurrección, les habrá ayudado y Ellos le habrán ayudado a Él. En esa fase final, determinada por el color Rojo, el héroe, estando más presente que nunca, habiendo dominado todos los secretos de los pequeños misterios, emprende la obra de los misterios mayores. La Resurrección comporta la llegada al estado que el budismo denomina Bodhissatva, el que vuelve para despertar a otros náufragos de los tiempos y de los mundos. De la misma manera que Odin volvía entre los suyos disfrazado de humano para que nadie le reconociera. Es el auténtico pudor del héroe hacia cualquier tipo de reconocimiento o de halago. Ese pudor puede formar parte de una falsa modestia cuando uno dice que no quiere ser reconocido pero que en cambio está actuando para hacerse notar, y es auténtico cuando de verdad renuncia a todo incluso a costa de ser menospreciado por los demás, aunque estos mismos hayan sido beneficiados por tal renuncia. Es la típica injusticia que a cualquier lector de novelas románticas le cuesta soportar. "Injusticia" por otra parte buscada por aquel que es consciente, aunque sea mínimamente, en ese tránsito hacia la Realidad espiritual.

Negro, blanco y rojo implica mucho más que todo lo que se pueda explicar y comprender.
Entender y comprender la muerte, y lo que ello supone en el Camino, es la primera traba a vencer. Es el primer techo, el primer impedimento en el que la mayoría irá cayendo, porque siempre es y seguirá siendo así. Unos caen y se levantan, otros no vuelven a ver la Luz, hasta que Alguien se la entrega en ese acto eterno de generosidad y verdadero Amor. Lejos y perdidos quedarán los seducidos por la idea de la Gloria e incluso por la idea de la Resurrección, mientras que cercanos a la verdad se hallarán los seducidos por la idea de la Muerte. Y es que la Gloria y la Resurrección llegan sólo si te olvidas de Ellas anhelando únicamente la Muerte. ¿Qué otro si no ha sido el anhelo de todo héroe? Morir por Algo superior a Él mismo.


El estadio previo a las tres fases es el más duro y el más difícil, pues se trata del cambio, de anhelar el cambio profundo, y sobre todo y más difícil aún: saber para qué se ha venido a este mundo; encontrar el sentido de la vida. Y es en ese momento cuando la derrota está más presente, es el momento de las eternas dudas. Siempre hay un paso trascendente que es cuando se abandona toda vacilación. El héroe ata su cuerpo al timón y soporta la tempestad.
No hay caminos a medias. O se naufraga o nos introducimos en el Centro de la Tierra.
Sólo entonces el día de Resurrección es el auténtico día de la Victoria. Y ese día todas las palabras dejarán de tener significado. Su rostro será una estatua inmortal."




jueves, 4 de agosto de 2016

El Norte Recuerda

Las similitudes entre las sagas y las leyendas del Norte Europeo, se reflejan bastante adecuadamente en los escritos de George R. R. Martin, por ello reproducimos este vídeo de los orígenes de la casa Stark, y del lema que nosotros también hemos adoptado por ese fiel significado que nosotros ya en su día intuimos. 

En épocas de oscuridad como la que nos ha tocado vivir, no queda mas que mantener los lazo ancestrales del Clan, aunando esfuerzos, arrimando hombros, para el Kaliyuga, el Ragnarok, el dia del Juicio Final que ya se cierne sobre nuestro pueblo y nuestro espíritu.

Winter is coming


domingo, 20 de septiembre de 2015

SIMBOLISMO DE LA CERVEZA

SIMBOLISMO DE LA CERVEZA... 


Mientras que en la sociedad pagana, Mead era la bebida de la clase sacerdotal muy ligada a la función magico religiosa, cerveza, era la bebida de la clase guerrera. Cerveza libera el espíritu de los guerreros y permite la conexión con los dioses y la tierra. Es la bebida de la inmortalidad de los hombres de guerra. Ella invita a unirse a sus dioses tutelares. Por lo tanto, en la tradición germánica, el consumo de cerveza fue particularmente recomendado el jueves. Esto es un detalle revelador cuando se sabe que el jueves es el día dedicado a la Dios Donar (Thor), el Dios Guerrero del Panteón germano-nordico. Ese día era costumbre hacer una ofrenda de cerveza al Donar, antepasados, los elfos y los espíritus de la casa. Que vierte cerveza en los santuarios dedicados a diferentes cultos. Para el Dios Donar, esta oferta fue generalmente al pie de un roble, el árbol dedicado a este Dios.

En octubre, hablar de la cerveza en las tradiciones germánicas, implica un inevitable desvío a nuestros tiempos modernos. En efecto, ¿cómo podemos no mencionar el famoso Oktoberfest en Munich (München)? Esta celebración bávara de la cerveza, mundialmente famosa, se llama en alemán "Oktoberfest", Festival. Es un eco distante de la antigua tradición pagana de Erntedankfest (agradecer la cosecha). Agradeció a los dioses para la cosecha aumentado en muchas fiestas y ofrendas. Se celebró recientemente elaborada cerveza, la cerveza del año. Sin embargo cabe señalar que hoy en día, esta fiesta de Munich se ha vuelto muy comercial y mantiene poca relación con el espíritu original del Festival. Es en las aldeas de los Alpes bávaros, donde el visitante será más probable que encuentre el alma de esta fiesta.

Entre los pueblos germánicos era también la tradición de beber cerveza para el nuevo año. La bebida durante esa noche de la gran transición anual invitó al guerrero a elevarse al rango de los inmortales.

Los celtas encontraron exactamente la misma tradición con la celebración de Samhain, el año nuevo celta. Beber cerveza durante esta gran noche de Samhain, durante la cual las puertas de los mundos abiertos, invitó a los hombres a entrar en comunión con los dioses. En la tradición céltica, cerveza también juega un papel muy importante como una bebida de guerreros. Que se la beba en grandes cantidades durante las fiestas rituales. Parecería que los celtas, a la cerveza no era sólo la bebida de la clase guerrera, sino también de la clase soberana. Fue elaborada por el herrero divino Goibniu. El nombre de la reina de Connaught personifica la soberanía en el Reino Unido, se llamaba Medb, palabra que se refiere a la embriaguez. Además es común encontrar en la tradición céltica, la historia de un rey caído al final de su reinado ahogado en la bañera de cerveza.

Entre los pueblos germánicos y ciertamente los celtas, cerveza era también conocida por algunas propiedades medicinales. Cerveza mezclada con algunas hierbas específicas, demostró para ser un remedio eficaz.

La magia no estaba ausente de la cerveza, como una mujer que quería conquistar el corazón de un guerrero tuvo que escupir en su cerveza. Así los dos salivas mezcladas en la bebida y tragados por los seres humanos, permitió una verdadera Unión mágica de dos personas.

Hathuwolf harson

domingo, 13 de septiembre de 2015

Ya ocurrió antes

En el año 376 después de Cristo, en la frontera del Danubio se presentó una masa enorme de hombres, mujeres y niños. Eran refugiados godos que buscaban asilo, presionados por el avance de las hordas de Atila. Por diversas razones -entre otras, que Roma ya no era lo que había sido- se les permitió penetrar en territorio del imperio, pese a que, a diferencia de oleadas de pueblos inmigrantes anteriores, éstos no habían sido exterminados, esclavizados o sometidos, como se acostumbraba entonces. En los meses siguientes, aquellos refugiados comprobaron que el imperio romano no era el paraíso, que sus gobernantes eran débiles y corruptos, que no había riqueza y comida para todos, y que la injusticia y la codicia se cebaban en ellos. Así que dos años después de cruzar el Danubio, en Adrianópolis, esos mismos godos mataron al emperador Valente y destrozaron su ejército. Y noventa y ocho años después, sus nietos destronaron a Rómulo Augústulo, último emperador, y liquidaron lo que quedaba del imperio romano.

Y es que todo ha ocurrido ya. Otra cosa es que lo hayamos olvidado. Que gobernantes irresponsables nos borren los recursos para comprender. Desde que hay memoria, unos pueblos invadieron a otros por hambre, por ambición, por presión de quienes los invadían o maltrataban a ellos. Y todos, hasta hace poco, se defendieron y sostuvieron igual: acuchillando invasores, tomando a sus mujeres, esclavizando a sus hijos. Así se mantuvieron hasta que la Historia acabó con ellos, dando paso a otros imperios que a su vez, llegado el ocaso, sufrieron la misma suerte. El problema que hoy afronta lo que llamamos Europa, u Occidente (el imperio heredero de una civilización compleja, que hunde sus raíces en la Biblia y el Talmud y emparenta con el Corán, que florece en la Iglesia medieval y el Renacimiento, que establece los derechos y libertades del hombre con la Ilustración y la Revolución Francesa), es que todo eso -Homero, Dante, Cervantes, Shakespeare, Newton, Voltaire- tiene fecha de caducidad y se encuentra en liquidación por derribo. Incapaz de sostenerse. De defenderse. Ya sólo tiene dinero. Y el dinero mantiene a salvo un rato, nada más.

Pagamos nuestros pecados. La desaparición de los regímenes comunistas y la guerra que un imbécil presidente norteamericano desencadenó en el Medio Oriente para instalar una democracia a la occidental en lugares donde las palabras Islam y Rais -religión mezclada con liderazgos tribales- hacen difícil la democracia, pusieron a hervir la caldera. Cayeron los centuriones -bárbaros también, como al fin de todos los imperios- que vigilaban nuestro limes. Todos esos centuriones eran unos hijos de puta, pero eran nuestros hijos de puta. Sin ellos, sobre las fronteras caen ahora oleadas de desesperados, vanguardia de los modernos bárbaros -en el sentido histórico de la palabra- que cabalgan detrás. Eso nos sitúa en una coyuntura nueva para nosotros pero vieja para el mundo.
 Una coyuntura inevitablemente histórica, pues estamos donde estaban los imperios incapaces de controlar las oleadas migratorias, pacíficas primero y agresivas luego. Imperios, civilizaciones, mundos que por su debilidad fueron vencidos, se transformaron o desaparecieron. Y los pocos centuriones que hoy quedan en el Rhin o el Danubio están sentenciados. Los condenan nuestro egoísmo, nuestro buenismo hipócrita, nuestra incultura histórica, nuestra cobarde incompetencia. Tarde o temprano, también por simple ley natural, por elemental supervivencia, esos últimos centuriones acabarán poniéndose de parte de los bárbaros.

A ver si nos enteramos de una vez: estas batallas, esta guerra, no se van a ganar. Ya no se puede. Nuestra propia dinámica social, religiosa, política, lo impide. Y quienes empujan por detrás a los godos lo saben. Quienes antes frenaban a unos y otros en campos de batalla, degollando a poblaciones enteras, ya no pueden hacerlo. Nuestra civilización, afortunadamente, no tolera esas atrocidades. La mala noticia es que nos pasamos de frenada. La sociedad europea exige hoy a sus ejércitos que sean oenegés, no fuerzas militares. Toda actuación vigorosa -y sólo el vigor compite con ciertas dinámicas de la Historia- queda descartada en origen, y ni siquiera Hitler encontraría hoy un Occidente tan resuelto a enfrentarse a él por las armas como lo estuvo en 1939. Cualquier actuación contra los que empujan a los godos es criticada por fuerzas pacifistas que, con tanta legitimidad ideológica como falta de realismo histórico, se oponen a eso. La demagogia sustituye a la realidad y sus consecuencias. Detalle significativo: las operaciones de vigilancia en el Mediterráneo no son para frenar la emigración, sino para ayudar a los emigrantes a alcanzar con seguridad las costas europeas. Todo, en fin, es una enorme, inevitable contradicción. El ciudadano es mejor ahora que hace siglos, y no tolera cierta clase de injusticias o crueldades. La herramienta histórica de pasar a cuchillo, por tanto, queda felizmente descartada. Ya no puede haber matanza de godos. Por fortuna para la humanidad. Por desgracia para el imperio.

Todo eso lleva al núcleo de la cuestión: Europa o como queramos llamar a este cálido ámbito de derechos y libertades, de bienestar económico y social, está roído por dentro y amenazado por fuera. Ni sabe, ni puede, ni quiere, y quizá ni debe defenderse. Vivimos la absurda paradoja de compadecer a los bárbaros, incluso de aplaudirlos, y al mismo tiempo pretender que siga intacta nuestra cómoda forma de vida. Pero las cosas no son tan simples. Los godos seguirán llegando en oleadas, anegando fronteras, caminos y ciudades. Están en su derecho, y tienen justo lo que Europa no tiene: juventud, vigor, decisión y hambre. Cuando esto ocurre hay pocas alternativas, también históricas: si son pocos, los recién llegados se integran en la cultura local y la enriquecen; si son muchos, la transforman o la destruyen. No en un día, por supuesto. Los imperios tardan siglos en desmoronarse.

Eso nos mete en el cogollo del asunto: la instalación de los godos, cuando son demasiados, en el interior del imperio. Los conflictos derivados de su presencia. Los derechos que adquieren o deben adquirir, y que es justo y lógico disfruten. Pero ni en el imperio romano ni en la actual Europa hubo o hay para todos; ni trabajo, ni comida, ni hospitales, ni espacios confortables. Además, incluso para las buenas conciencias, no es igual compadecerse de un refugiado en la frontera, de una madre con su hijo cruzando una alambrada o ahogándose en el mar, que verlos instalados en una chabola junto a la propia casa, el jardín, el campo de golf, trampeando a veces para sobrevivir en una sociedad donde las hadas madrinas tienen rota la varita mágica y arrugado el cucurucho. Donde no todos, y cada vez menos, podemos conseguir lo que ambicionamos. Y claro. Hay barriadas, ciudades que se van convirtiendo en polvorines con mecha retardada. De vez en cuando arderán, porque también eso es históricamente inevitable. Y más en una Europa donde las élites intelectuales desaparecen, sofocadas por la mediocridad, y políticos analfabetos y populistas de todo signo, según sopla, copan el poder. El recurso final será una policía más dura y represora, alentada por quienes tienen cosas que perder. Eso alumbrará nuevos conflictos: desfavorecidos clamando por lo que anhelan, ciudadanos furiosos, represalias y ajustes de cuentas. De aquí a poco tiempo, los grupos xenófobos violentos se habrán multiplicado en toda Europa. Y también los de muchos desesperados que elijan la violencia para salir del hambre, la opresión y la injusticia. También parte de la población romana -no todos eran bárbaros- ayudó a los godos en el saqueo, por congraciarse con ellos o por propia iniciativa. Ninguna pax romana beneficia a todos por igual. 

Y es que no hay forma de parar la Historia. «Tiene que haber una solución», claman editorialistas de periódicos, tertulianos y ciudadanos incapaces de comprender, porque ya nadie lo explica en los colegios, que la Historia no se soluciona, sino que se vive; y, como mucho, se lee y estudia para prevenir fenómenos que nunca son nuevos, pues a menudo, en la historia de la Humanidad, lo nuevo es lo olvidado. Y lo que olvidamos es que no siempre hay solución; que a veces las cosas ocurren de forma irremediable, por pura ley natural: nuevos tiempos, nuevos bárbaros. Mucho quedará de lo viejo, mezclado con lo nuevo; pero la Europa que iluminó el mundo está sentenciada a muerte. Quizá con el tiempo y el mestizaje otros imperios sean mejores que éste; pero ni ustedes ni yo estaremos aquí para comprobarlo. Nosotros nos bajamos en la próxima. En ese trayecto sólo hay dos actitudes razonables. Una es el consuelo analgésico de buscar explicación en la ciencia y la cultura; para, si no impedirlo, que es imposible, al menos comprender por qué todo se va al carajo. Como ese romano al que me gusta imaginar sereno en la ventana de su biblioteca mientras los bárbaros saquean Roma. Pues comprender siempre ayuda a asumir. A soportar. 

La otra actitud razonable, creo, es adiestrar a los jóvenes pensando en los hijos y nietos de esos jóvenes. Para que afronten con lucidez, valor, humanidad y sentido común el mundo que viene. Para que se adapten a lo inevitable, conservando lo que puedan de cuanto de bueno deje tras de sí el mundo que se extingue. Dándoles herramientas para vivir en un territorio que durante cierto tiempo será caótico, violento y peligroso. Para que peleen por aquello en lo que crean, o para que se resignen a lo inevitable; pero no por estupidez o mansedumbre, sino por lucidez. Por serenidad intelectual. Que sean lo que quieran o puedan: hagámoslos griegos que piensen, troyanos que luchen, romanos conscientes -llegado el caso- de la digna altivez del suicidio. Hagámoslos supervivientes mestizos, dispuestos a encarar sin complejos el mundo nuevo y mejorarlo; pero no los embauquemos con demagogias baratas y cuentos de Walt Disney. Ya es hora de que en los colegios, en los hogares, en la vida, hablemos a nuestros hijos mirándolos a los ojos.
Ave et vale

miércoles, 19 de agosto de 2015

Verdad

Buscamos en el origen porque en el esta la Verdad. Y la Verdad no es mas que una.
¿Te atreves a buscarla?